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La buena vida del soldado
Artículos para Padres |
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“Estaban en formación los soldados y el sargento pregunta quién tiene un cuchillo; sólo
un soldado lo muestra y el sargento lo felicita y le ofrece de vacaciones un viaje a
Hawaii con todo pago. Al otro día el sargento vuelve a preguntar quién tiene un cuchillo,
todo el pelotón saca sus cuchillos, entonces el sargento los felicita y les dice: muy
bien soldados, dirigirse a la cocina a pelar las papas del almuerzo!.” Chiste popular.
Estuve prestando servicio militar en el Ejército de Colombia y les digo que es una experiencia muy educativa: de las buenas cosas y de las malas situaciones también se aprende, y finalmente creo que todos los soldados cambian su actitud ante la vida de forma positiva. Los primeros días son complicados porque uno se demora para acostumbrarse a la alimentación, la forma de preparar la comida para miles de personas, inicialmente no parece la adecuada, pero finalmente uno se da cuenta de lo afortunado que termina siendo al comer más de 3 veces al día: desayuno, refrigerio, almuerzo, cena, y que nos ponen a “comer mier...” (jejeje) en ejercicios para el fortalecimiento físico y mental en los entrenamientos diarios. Desde el primer día se extraña a la mamá, y eso que los sargentos de instrucción nos la recuerdan a cada segundo, ya que a cada rato dicen “este soldado hijo de p... no sabe hacer nada!”. Las primeras visitas de la familia, la alegría que sentimos, son la confirmación que así hubiésemos creído que en la casa se pasa mal, lejos de ella es aún más difícil; así que los soldados siempre terminamos apreciando a la familia más que a nada… Es muy importante para la seguridad de la patria, y la personal nuestra, el manejo adecuado de las armas de fuego; antes de disparar por primera vez nos han reiterado en múltiples ocasiones el cuidado que de debe tener con el arma de dotación; hay unas reglas estrictas para seguir, y la que me parece más importante es “nunca apunte un arma a un objetivo al cual no piensa disparar”; con esto nos damos cuenta de la importancia del respeto por la vida humana, y en general por la tranquilidad que brinda un ejército bien preparado, ya que no son niños jugando a la guerra sino personas responsables cuidando el bienestar de toda la nación. La sensación de disparar un arma contra los blancos de papel para los entrenamientos es de mucho poder, los soldados se dan cuenta de la fuerza que tiene una minúscula bala si es disparada contra una persona; por eso nos cuidamos tanto de no tener accidentes con armas de fuego cargadas. Y por eso vemos con horror niños en la calle, en los colegios, con pistolas amenazando a sus compañeros, o peor, disparándoles por razones que no nos parecen suficientes para acabar con la vida de sus conocidos. El ser humano no debería manipular ningún tipo de arma en contra de un semejante si se da cuenta del valor de la vida y entiende que todos estamos en el planeta con una misión de aprendizaje del Amor de Dios, de Servicio a los demás. Ahora, ¿por qué necesitamos ejércitos y armas? Podría entender lo de las armas por alguna facilidad de cazar animales más fuertes que nosotros, desde gran distancia para evitar que nos hagan daño, y luego alimentarnos con su carne; pero como el ser humano, en un egoísmo a veces antinatural, cree que tiene que ganar o conquistar a la fuerza a su vecino, pues utiliza las armas contra los demás, y por eso crea ejércitos… Ojalá en un futuro cercano dejemos este comportamiento bárbaro, y entendamos que el prójimo es como nosotros, y merece el mismo cariño y respeto que nosotros queremos de nuestros familiares y amigos. Pero volvamos a la vida en el ejército… Un soldado se acostumbra a velar el sueño de sus compañeros, sabe que si se duerme durante su guardia, sus amigos y él mismo pueden fallecer… También sabe que si se duerme y su comandante lo descubre, tiene que ser juzgado por un tribunal militar, o en casos no tan graves, le “figura voltear”, que es la repetición exagerada de ejercicios corporales hasta que su cuerpo desfallezca de cansancio, y obtenga de esta manera una retroalimentación (por no decir castigo!) y aprenda de sus errores. Técnicamente el “volteo” no está permitido, pero indirectamente forma aún más el carácter y la condición física del soldado; ya que directamente es ponerlo a “comer mier...” (ya dije que siempre nos alimentan de esto! jajaja) para que deje de ser perezoso y no se le ocurra volver a dormirse en su turno de guardia, porque es la primera defensa contra el enemigo que llegase a atacar. La disciplina militar es muy importante, nos enseña a tener un comportamiento adecuado en todos los aspectos de nuestra vida, a ser ordenados, estar bien presentados, seguir horarios y ser cumplidores de las órdenes que nos imparten; a mantener los protocolos y reglas que nos enseñan y, sobre todo, ver que tenemos gran responsabilidad con nuestro país para protegerlo en cualquier momento. Y no todo es tan bueno; hay aspectos de la convivencia que hacen que las personas cambien en su comportamiento diario. Lo primero es la grosería; como todos los rangos superiores nos tratan a punta de groserías, pues todos los soldados aprenden ese vocabulario… Al principio es muy difícil dejarse gritar palabras que ni se conocían, y menos comprenderlas, pero que suenan horrible… luego, al saber el significado, vemos que es una clase de patología completa: nos han dicho que somos todo tipo de enfermedades venéreas conocidas; también medio centenar de acepciones con significado de homosexual; y nuestras madres han recibido cientos de sinónimos de la palabra prostituta (mamás: por favor discúlpenlos a todos ellos, lo que dijeron de Uds. fue con cariño!, no se sientan ofendidas, vale?) Aunque al finalizar el servicio militar uno sigue hablando con groserías a cada instante, y es tan común esto que hasta nombre científico tiene esta enfermedad de hablar con malas palabras, que los sicólogos llaman coprolalia; uno termina entendiendo que las palabras no lo deben afectar, por más ofensivas que puedan ser; los soldados se disgustan cuando la intención es de ofender, esa energía negativa que alguien utiliza en contra de nosotros se siente más allá de la palabra, y es esa intención lo que deberíamos rechazar llenándonos de amor y comprensión con quien nos ofende. Bueno, tampoco es fácil llegar a esta elevación espiritual pero sabemos que debemos intentarlo, y el carácter que llega a tener un soldado le debe servir para superarse más rápido en este sentido. Para finalizar con este relato, la buena vida del soldado la siente cuando comparte su comida con sus amigos del pelotón, cuando están de guardia al tanto de la seguridad de su patria, o combatiendo con el enemigo interno o externo; cuando colabora en funciones de búsqueda y rescate en las catástrofes naturales que ocurran y, sobre todo, la buena vida se siente cuando al finalizar su paso por las filas del Ejército Nacional, para salir a reunirse con su familia y amigos, le es dada la orden de retirarse, y grita con orgullo: Viva Colombia!. |
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