El perris de mi casa
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A los perros yo les digo “perris”; el de mi casa se llama Doggie, es de raza rottweiler. Es un perro lindo, tierno, juguetón y MUY consentido; aunque la gente le tiene miedo por ser de esa raza, sin embargo creo que todos los animales domésticos (perros, gatos, caballos, vacas, etc) son buenos por naturaleza, y si el ser humano los cría y los ve crecer con amor y respeto, los animales serán cariñosos con la gente.

Doggie sufrió mucho cuando lo separaron de su mamá, y dicen que lloró lágrimas de dolor ese día… Pero ya al otro día estaba jugando, molestando y ensuciando toda la casa; mordiendo y rompiendo zapatos, tapetes y todo lo que encontrara a su alcance.

Su juventud fue feliz, la pasó acompañado de Mateo, un french poodle, que era también queridísimo y juguetón; el Mateo era más viejito, así que era el que mandaba en la casa, y nunca se dejó molestar de Doggie, inclusive cuando éste era el doble de grande y fuerte.

Sin embargo, Doggie al ser tan consentido por toda la familia fue más bien desaseado, y al principio se orinaba dentro de la casa; la manera de enseñarlos a los perris a ser limpios y sólo hacer sus necesidades en el patio, o en la calle (eso sí recogiendo los residuos y no dejarlos para que alguien los pise y se ensucie), no es con la violencia, ni los golpes, ni menos restregarle el hocico en sus desperdicios corporales. Se les enseña con firmeza pero sin dureza extrema: un golpe en el piso al lado del perris (no pegarle al perro), mientras se le grita la palabra “NO”, hace que entienda al cabo de un par de veces (o de pronto más) que no debe ensuciar dentro de la casa.

Si esto se hace cuando aún es pequeño es más fácil que entienda; pero si un perro ya adulto sigue haciendo sus gracias dentro de la casa entonces habrá que enseñarle con un método más fuerte; pero hecho por un profesional y no por los niños o sus padres, ya que el perris no les tiene tanto respeto y no les va a hacer caso fácilmente.

Bueno, pero Doggie es un perro muy querido, que le gustan los rasquitos (caricias, rascadas y palmaditas) a cada rato; es feliz tirándose al lado de las personas para que lo consientan, o a veces se para en dos patas y se apoya en las personas para que lo abracen; o le gusta hacer túnel entre las piernas y dar vueltas para un lado y otro mientras las personas caminan.

El tener animales domésticos en las casas hace que los niños aprendan varias cosas, entre otras, apreciar la naturaleza mediante el contacto con ese ser, distinto a nosotros, pero con la misma capacidad de amar que la de las personas. También se aprende a ser responsables con su cuidado, lavado, sacarlo a pasear, y limpiar sus excrementos. Y no menos importante, los niños en sus juegos con los animales aprenden a medir su fortaleza y resistencia, además de que hacen deporte cuando corren de un lado para el otro con sus animalitos.

Bueno, sólo me queda darle gracias a Doggie por ser tan buen perris y por enseñarnos cada día un poquito más del Amor de Dios, que está presente en personas, animales y la naturaleza en general.

mayo/2009

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Doggie
Doggie en un pastal



Doggie
Doggie descansando



Doggie
Doggie con un amigo

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