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La Casa de Dios
Lista de fábulas |
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Un domingo en el pueblito, cerca del mediodía, salían los niños de una actividad
deportiva de su escuela en el campo, a la cual habían llegado muy temprano, casi desde la
madrugada. Todos los niños en esas olimpiadas participaban y recibían una medalla así
hubieran ganado o perdido en los partidos y competencias en las cuales estuvieron.
Estaban felices con sus trofeos y medallas, y las iban mostrando a todos los que pasaban cerca; varios niños iban con destino a sus iglesias a participar de la ceremonia religiosa, al culto al cual pertenecían cada uno… Por el camino desde la escuela se encontraron con una ancianita invidente, que hacía muchos años había quedado ciega, y varios de ellos le fueron a colaborar para guiarla a su destino: - Buenos días señora, hacia dónde se dirige? - Hola niños, contestó la ancianita, voy hacia la Casa de Dios… ¿será que muchos de Uds. van para allá? Todos contestaron que sí… y no entendían por qué la viejecita sabía que iban hacía allá, pero le dijeron que algunos iban a una iglesia, y otros más a una distinta; y le preguntaron que a cuál asistía ella… Ella dijo: Yo a veces voy a una, y a veces a la otra; y cuando vivía en la capital, iba a varias más… Los niños le preguntaron que por qué iba a varias iglesias, si en sus casas les enseñaron que sólo hay que ir a la que sus padres y abuelos han ido toda su vida! Y la buena ancianita les contó la siguiente historia: - Al principio cuando Dios creó el mundo vivía en aquí, y todos los que se lo encontraban le daban muchas quejas, le pedían muchas cosas, unos dinero, otros más hijos, otros le reclamaban por haber perdido a un hijo, unos porque no encontraban novias, otras le lloraban porque su esposo tomaba mucho; en fin, todos pedían y pedían cosas para ellos… Dios, nuestro Padre, viendo esto y sabiendo que cada uno debería resolver sus propios problemas, ya que a todos nos dio capacidad e inteligencia para tomar las mejores decisiones, buscó la alternativa que debería estar con todos sus hijos pero que tenía que esconderse en un sitio donde no lo íbamos a buscar para estarle pidiendo y pidiendo cosas que las personas mismas podrían obtener o solucionar. Cuando se escondió, y ya nadie lo encontraba, empezaron a hacerle casas cada vez más grandes para que él viniera a habitarlas y estuviera más tranquilo, y así empezaron a construirle las iglesias y monumentos cada vez más grandes, catedrales cada vez más altas, con campanarios altos y más altos, para que Dios viviera en esa que cada grupo de personas le construyó… Y muchas personas iban a esas Casas de Dios y oraban, y pedían por ellos… algunos lo encontraban, otros no lo veían en esa casa… así que iban a otra a buscarlo allá… y otra vez, algunos lo encontraban en esa nueva iglesia, y otros seguían buscando… Los niños se quedaron pensando que si la ancianita seguía yendo a cada iglesia entonces sería que ella aún NO lo había encontrado, y le preguntaron: - O sea que tú no lo has encontrado y todavía lo sigues buscando a Dios en las iglesias de este pueblo? Ella sonrió con ternura a los niños, y les dijo: - Yo lo encontré en un lugar donde casi nadie lo ha buscado, y ahora recorro las iglesias para decirle a las personas y a los niños como ustedes dónde fue que lo encontré, a contarles en dónde lo encontrarán -sin lugar a duda- cada uno de los niños, sin interesar a qué Iglesia estén yendo… Además, que no les estoy diciendo que dejen de asistir a sus iglesias, porque allá también se darán cuenta, allá les dirán dónde está viviendo Dios!, así que no es un secreto… - Pero en dónde lo encontraste? dínoslo por favor!, rogaron los niños casi haciendo un coro… La ancianita dulcemente les contó: - La Casa de Dios, el lugar que Dios eligió para vivir, y en el que puede estar cerca a todos nosotros, y donde casi ninguno lo ha buscado es en nuestro corazón. Dios decidió vivir en nuestro interior. Así que cuando queramos encontrarlo pues busquémoslo ahí, y también busquémoslo en el corazón de nuestros padres y amigos. Dios se nos presenta cuando ayudamos a alguien más, porque ahí también está en el interior de esa persona; Dios nos abre las puertas de su Casa cuando amamos, colaboramos y respetamos a nuestros padres, amigos, y hasta los desconocidos. Agosto/2008 Nota sobre esta fábula: Basada en una historia de Osho, filósofo hindú del siglo XX. |
Iglesia (1)
Sinagoga (2)
Mezquita (3)
Templo Budista (4)
Amor de Dios reflejado en la sonrisa de un bebé (5)
Un corazón símbolo de Amor (6) |
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