La melodía
Relatos de Denyse
“La música atravesó mis oídos y me penetró como un susurro iluminado, como un viento
melodioso que dio luz a mi interior."
Una nostalgia desconocida se apoderó de mi Ser, se sentó junto a mi corazón y dirigió la
orquesta que habitaba en mi alma. La triste melodía “Para Elisa”, me llevó a otro lugar…
cerré mis ojos y ya el Mundo no era igual.
Dejé de oír por segundos el ruido de la calle que hasta entonces parecía una enmarañada
confusión, una sombra lúgubre de mis sueños. La gente alrededor se silenció, todo dejó
de existir, los vehículos y las esquinas, los almacenes y las tiendas en la calle, todo
se convirtió en pintura fresca desecha por el agua de aquella extraña emoción.
Descosí por dentro un profundo sentimiento y algo guardado surgió entonces tras la oscuridad
de mis pupilas. Quise que de mis ojos saliera un río de recuerdos líquidos, pero algo en
mí no me dejaba hacerlo, algo encendido por esa pequeña caja musical me lo impidió.
En un parpadeo observé con asombro infantil la diminuta muñequita que danzaba su tristeza.
Sus movimientos hicieron bailar algo en mi alma y cada nota me golpeó compás a compás,
como agujeteos dulces en mi corazón.
Desde aquel día, no pude despertar. Vivo ahora una nublada ensoñación, como si aquella
cajita, inofensiva en apariencia, hubiera tirado abajo los muros que me dividían por dentro.
Y aún no reconozco con claridad lo que me embarga: ¿un viejo recuerdo sin recordar? No
lo sé. Pero no puedo lavarme esta sensación del cuerpo ni del alma…”
Su mariposa ancestral, su alma hermana, compañera de antiguos renacimientos, observaba a
sus espaldas como relataba en tinta lo que ni él mismo comprendía.
Y recordaba ella misma sus nostalgias frente a las melodías, en especial de aquella,
cuando en una de esas tantas vidas terrenales, danzaba como aquella muñequita mientras
escuchaba tocar el piano “Para Elisa” con una dicha ciega, con una emoción rebosada,
llena de lágrimas por dentro, lágrimas de felicidad y tristeza a la vez, de dolor y dicha
al mismo tiempo.
Aquel espíritu recordaba sus épocas de niña humana, cuando daba giros sobre sí misma
viviendo con extraños que nunca comprendieron qué hacía mientras se remontaba en la
puntita de sus pequeños pies; ni entendieron el jugueteo de sus dedos sobre una tabla
vieja, simulando con su imaginación un majestuoso piano.
Aquel espíritu no podía expresarse y ansiaba que aquel niño-hombre que escribía, sin que
notara su silenciosa presencia, llorara por ella.
- Mi buena alma de niño. Mi hermano corazón de hombre. Si pudieras escucharme…- Le susurraba
al oído del escribiente, pero los sonidos inaudibles de su deseo pasaban a través de su
humana figura.
Algo hermoso pasó entonces:
Aún sabiendo que no hallaría una respuesta, decidió preguntarle, tal vez fantaseando
una respuesta (respuesta a una pregunta jamás escuchada, pues, ¿qué mortal podría oírla?,
A ella que andaba entre mundos invisibles e ilusoriamente lejanos?)
- Dime pequeña alma, ¿qué oscuras tristezas han marchitado tus tesoros, esos que puedo
ver desde aquí? ¿Qué ha opacado el brillo de tu alegría?
Y si es que acaso el alma tiene oídos, ello explicaría que la pluma del joven respondiera
con su puño y letra:
“…y mi tristeza no es más que un no poder explicar el misterio de aquella melodía, el
revivir una y otra vez esa extraña sensación de soledad profunda, de permitirme vaciarme
de pronto como si mi corazón fuera una vasija llena de amor para darse y aún así, algo
pareció detener su impulso… Una fuente que me estalla y sin embargo no nace. Algo quiere
abrirse en mí…
¡Ay de mis recuerdos que aún no recuerdo!!! ¡Ay de todo lo que siento tan intensamente y
no se de donde llega!!! Ay de tantas cosas y de nada en concreto. ¿Cómo poder saberlo?,
¿saber qué? Si tan sólo alguien lo supiera…”
- Yo lo sé pequeña alma, yo lo sé – Le susurraba nuevamente aquel ángel caído – Escucho
tu corazón, escucha entonces al mío y no te sientas triste que nunca estamos solos. No
sientes mi presencia, pero algún día mi voz lejana llegará a tu interior y lo sabrás…
al fin lo sabrás.
“…Tal vez alguien lo sabe, alguien junto a mí posará sus alas y me escuchará… Pero, ¿qué
es esto? ¿Deliro acaso? ¿Porqué, si es así, siento esta dulzura tan grande?, ¿por qué me
parece que una voz melodiosa me llamará? Es sólo el deseo de oír mi corazón, es sólo eso…”
- Escucha, pues soy parte de ti. Te necesito y me necesitas, mi buen buscador; tu propia
Alma te llama para que la encuentres. Mis cálidas alas están hechas para ti.
La vela encendida sobre el escritorio pereció y una noche azulosa y fría cobijó al
escribiente durante varias horas sobre su escritorio.
Al amanecer, una cajita musical lo despertó; adentro una bailarina… con alas… le sonrió.
Denyse Gómez
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